Investigación
El algoritmo de la vanidad
Si me encuentras a las 5.44 escribiendo en notas un día, es que he dormido estupendamente. Y eso no es habitual, creeme. Eso sí. Que se prepare LinkedIn porque al día siguiente hay un post calentito. La primera vez que me pasó, 250 mil impresiones.
Apunta el número. Vuelvo a él al final.
Dentro de pocos días empieza lo que yo llamo la carrera por el control del relato: al igual que septiembre y enero se llenan de promesas y buenas intenciones para volver a la rutina fitness, los principales protagonistas del prime time llenarán titulares y publi de la propia cadena anunciando a todo trapo que son líderes de su franja, el programa más visto y ya de paso el más criticado también. Que hablen mal, pero sin duda, que hablen.
Lo llamativo no es que lo digan. Es que lo digan todos a la vez.
Y que todos tengan razón.
Cómo pueden ser líderes todos
Líder de su franja. Líder en target comercial. Lo más visto del día. El estreno más visto de la temporada. Lo más visto sin contar el fútbol. Lo más comentado. Lo más visto entre los que tienen la tele encendida a esa hora y no están viendo otra cosa.
Ninguno miente. Cada uno ha elegido el trozo donde gana.
Ese es el movimiento entero. No se falsea el dato, se elige el denominador. Y se elige después de verlo, que es la parte que nadie cuenta. Primero miras cómo ha ido y luego decides de qué eres líder.
En investigación eso tiene nombre y está mal visto: escoger el subgrupo una vez has visto los resultados. En comunicación de audiencias no es que esté mal visto, es que es el procedimiento.
Por qué cuela, todos los años
Por dos cosas.
La primera es que la afirmación viaja y el asterisco no. El titular dice líder. La letra pequeña dice de qué. Y la letra pequeña no se retuitea. Nadie va a ir a comprobar la franja horaria, entre otras cosas porque para comprobarla necesitas saber que existe una franja horaria.
La segunda es más incómoda, y aquí hablo de sospecha mía, no de dato: creo que decir que eres el más visto forma parte de cómo llegas a serlo. La gente ve lo que ve la gente. Anunciar el liderazgo no sería solo presumir del resultado, sería fabricarlo un poco. Si es así, se explica que se repita cada septiembre aunque todo el mundo sepa cómo funciona.
Un matiz sobre lo de que hablen mal
Lo he escrito arriba porque es lo que decimos todos, pero conviene afinarlo.
Hay un estudio de 2010 sobre reseñas del New York Times: la crítica negativa hundía las ventas de los autores conocidos y las subía en los desconocidos. Que hablen mal te pone en el mapa si nadie sabía que existías.
Con una condición que se cita menos: hace falta que pase tiempo entre la crítica y el momento de decidir. El juicio se olvida antes que el nombre, pero necesita margen para olvidarse.
En un feed no hay margen. Lees el zasca y ves el perfil en el mismo scroll. Así que la frase probablemente no aplica aquí, aunque sea aquí donde más se repite.
Esto no va de vanidad
Va de métricas de vanidad, que no es lo mismo aunque compartan apellido.
Nadie hace esto por ego. Se hace porque el número es lo único que se puede enseñar.
Una cadena no puede sacar una nota de prensa que diga que su programa está mejor escrito, o que ha tomado decisiones difíciles de casting que van a dar fruto en tres temporadas. Eso no se demuestra en un titular, se comprueba con el tiempo y con criterio, y ninguna de las dos cosas cabe en un gráfico de barras.
La audiencia sí cabe. Se cuenta, se compara, se enseña.
Así que se enseña la audiencia, y de tanto enseñarla acabamos todos creyendo que la audiencia era lo que importaba.
Es exactamente el mismo mecanismo por el que una empresa acaba premiando al que está siempre disponible en lugar de al que decide bien: no porque piense que disponibilidad y criterio son lo mismo, sino porque una de las dos se ve desde fuera y la otra no.
Aquí ni siquiera es que no se sepa medir. Es que no se puede enseñar a tiempo.
Vuelvo a mis 250 mil
Son verdad.
Lo que no te he contado es en cuánto tiempo, ni cuánta de esa gente se dedica a lo mío, ni cuántos me escribieron después, ni si sirvió para algo que no fuera escribir este párrafo.
Elegí el número que hacía funcionar la entrada. Como todos.
En septiembre vamos a enseñar todos el dato que nos favorece. Lo interesante no va a ser el dato. Va a ser el trozo que cada uno haya elegido para que le salga bien.
Lo que pasó al día siguiente
Escribí todo lo de arriba el lunes por la noche. El martes por la mañana fui a buscar comunicados para poner cada etiqueta al lado de su denominador. Me encontré otra cosa, y es mejor que lo que iba a contar.
Primero, silencio. A las diez y media ninguna de las tres cadenas había dicho nada. Las cifras llevaban una hora circulando y los gabinetes seguían callados. La proclamación no sale sola. Sale cuando alguien ha decidido qué trozo enseña.
Segundo, y esto es lo que me hizo reescribir el final. El dato bueno estaba publicado. Y no lo había publicado la cadena que ganaba.
El Hormiguero y La Revuelta empezaron casi a la vez y acabaron a horas distintas, así que compararlos por programa entero es comparar dos cosas que duran distinto. El único trozo comparable es el rato en el que los dos están en antena a la vez. Por programa completo la ventaja del primero es de 4,8 puntos. En el tramo en que coinciden, de 3,8. Un quinto menos.
Ese tramo lo publicó Vertele. No lo publicó nadie más.
Cada uno enseña lo que le da de comer
Yo esperaba que el perdedor no usara ese dato. No había caído en que el ganador tampoco.
El que va delante tiene dos cifras verdaderas y enseña la mayor. No miente. Selecciona. Vende espacio publicitario sobre un número grande, y el número grande es el otro. Renunciar a él por rigor metodológico sería trabajar en contra de lo suyo.
El medio hace lo contrario, y por la misma razón. Vertele publica el tramo limpio porque su producto es arbitrar el duelo. Su lector entra a saber quién ganó de verdad, no a que le repitan la nota de prensa. Ahí el rigor no es una virtud moral, es el diferencial. Un medio de audiencias que dejara de dar el dato incómodo se parecería al gabinete y perdería la razón por la que se le lee.
Así que el dato limpio no desaparece. Aparece exactamente donde paga.
Eso es lo que no supe ver el lunes. No hay un bando que oculta y otro que informa. Hay actores distintos con captaciones distintas, y cada uno se queda con el trozo que alimenta la suya.
Sesgado no es lo mismo que falso
Mediaset, nota del 1 de septiembre: Cuatro firma su mejor agosto de los últimos nueve años y se mantiene imbatible por quinto mes consecutivo ante su directo competidor.
No hay un solo dato falso en esa frase. Hay dos recortes. El primero acota el mes y la ventana: mejor agosto, de nueve años. No mejor mes, no de siempre. El segundo acota el rival y el plazo: imbatible, ante su competidor directo, cinco meses. Las dos afirmaciones se sostienen. Y las dos están construidas hacia atrás, desde el resultado hasta la frase que lo hace sonar bien.
Esta es la parte que me interesa de verdad, más que las audiencias.
Un dato falso se desmiente. Un dato sesgado no, porque es verdad. Solo se puede completar. Y para completarlo tienes que saber qué otras cifras existían y no salieron, que es justo lo que no te dan.
Por eso el sesgo aguanta años y el error dura una tarde.
Cómo se lee
Cuando alguien te enseña una métrica, la pregunta útil no es si el número está bien. Casi siempre lo está. La pregunta es qué gana quien lo enseña con ese recorte concreto.
Una agencia enseña el caso que funcionó y el periodo en el que funcionó. Una herramienta enseña la media de sus clientes de pago, que son los que la usan bien. Un informe de sector enseña la cifra que justifica que el informe exista. Ninguno se inventa nada. Cada uno recorta hacia donde capta.
Yo también. Abrí esto con 250 mil impresiones y tardé mil palabras en decirte de cuánto tiempo.
Se lee al revés de como te lo presentan. Primero miras qué necesita conseguir el que habla. Después, qué trozo ha elegido. Casi siempre encajan.
ACTUALIZACIÓN 18:00
La nota llegó, y llegó bien peinada
Atresmedia publicó su nota por la tarde. Tuve tiempo de escribir todo lo de arriba antes de que existiera.
Lo primero que miré fue si aparecía el tramo de coincidencia. Aparece. Dos veces. Sin cifra.
De El Hormiguero dicen que se impone igualmente en estricta coincidencia frente a todos sus adversarios. De Sonsoles, que gana al estreno de su rival en coincidencia. Las dos frases invocan el dato limpio y las dos se lo saltan.
Es el único número de toda la nota que no se escribe. Todo lo demás va con decimal: 14,6, 17,2, 14,9, 22,1, 18,4, 13,6, 16,4, 14,5. Hasta los espectadores únicos, que son 4.347.000 en un programa que promedia 1,9 millones.
El único hueco es el 3,8. Y el 3,8 existe porque lo publicó otro.
Las comparaciones que sí hacen
La nota está llena de comparaciones en el tiempo. Sueños de libertad, mejor lunes desde junio. Zapeando, mejor dato en casi un mes. En tierra lejana, máximo histórico. El Secreto, mejora los datos de su estreno del domingo.
Es su forma habitual de dar contexto. La usan cinco veces.
No la usan con El Hormiguero. Ahí el 17,9% va solo, con el adjetivo delante y nada detrás. Ninguna comparación con su estreno anterior.
El curso pasado arrancó con un 21,1%.
Ese es el único sitio de la nota donde el recurso favorito de la casa desaparece, y es justo donde restaría.
Las franjas que salen y las que no
Dicen que Antena 3 es la cadena más vista en la sobremesa, el prime time y el late night. Tres franjas con su porcentaje.
Hay seis. Faltan la madrugada, la mañana y la tarde.
Del medidor: lo más visto de la madrugada fue el Telediario Matinal de La 1. Lo más visto de la tarde, La Promesa, también de La 1.
Y la nota titula que Pasapalabra es el programa más visto de la tarde.
Las dos afirmaciones existen a la vez porque la tarde no empieza a la misma hora en cada una. No hay mentira. Hay una hora de corte que decide quién gana, y quien la elige no es quien mide.
Lo curioso es que en la mañana el programa más visto sí fue suyo, el de Arguiñano, y no lo mencionan. Se entiende: nombrar la mañana obligaría a dar la franja, y la franja de la mañana no es suya.
Y ahora yo
Todo esto es verdad y está construido hacia atrás. Primero el resultado, después la frase.
Yo hice exactamente eso al empezar. Abrí hablando de miles de impresiones porque era el número que sostenía la entrada, no porque fuera el que mejor describe lo que hago.
La diferencia entre ellos y yo no es de método. Es que a mí me sale gratis contarlo y a ellos les cuesta el espacio publicitario.
Notas de verificación
Cifras de Kantar publicadas por Vertele y FormulaTV el 8 de septiembre de 2026. El tramo de coincidencia solo lo da Vertele. El 17,9% de El Hormiguero es estreno de temporada y está muy por debajo de su temporada anterior que arrancó con un 21,1%. O sea, 3,2 puntos por debajo de su propio estreno.